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Santuario Go'o de Kioto: jabalíes sagrados y salud
En este artículo
- Resumen rápido
- La leyenda de Wake no Kiyomaro y los trescientos jabalíes
- Los jabalíes del recinto
- La fuente del jabalí
- Las esculturas en troncos
- La especialidad del santuario: piernas, caderas y pies
- Los festivales
- Día 21 de cada mes: festival Ashi Koshi
- 4 de abril: Goou Taisai
- 1 de noviembre: Inoko Sai
- Cómo combinarlo con el Palacio Imperial
- Consejos finales
En el extremo noreste del Palacio Imperial de Kioto, frente a uno de sus accesos secundarios, hay un santuario que no figura en todos los mapas turísticos pero que los kiotenses conocen bien. Al santuario Go’o acuden los atletas antes de competir, los mayores con problemas de rodilla o cadera y quienes buscan la protección de una historia con más de doce siglos de antigüedad. Lo que lo hace único no son sus dimensiones —es pequeño—, sino sus guardianes: donde otros santuarios tienen leones, aquí hay jabalíes.
Resumen rápido
- Ubicación: frente a una entrada del Palacio Imperial, distrito de Kamigyo, Kioto
- Acceso: 5 minutos a pie desde la estación Marutamachi (línea Karasuma del metro)
- Horario: de 6:00 a 21:00 (la tienda, hasta las 17:00)
- Entrada: gratuita
- Festivales: el día 21 de cada mes, el 4 de abril y el 1 de noviembre
La leyenda de Wake no Kiyomaro y los trescientos jabalíes
El santuario está dedicado a Wake no Kiyomaro (733-799), uno de los consejeros imperiales más influyentes del período Nara. La historia que lo vincula con el Go’o es la siguiente.
Un fraude religioso de gran alcance amenazaba la sucesión imperial: un monje budista llamado Dokyo manipulaba al Emperador para instalarse él mismo en el trono. Wake no Kiyomaro fue el consejero que se opuso públicamente a la maniobra, lo que le valió la enemistad del monje y el castigo del exilio a Kyushu.
Durante el largo y peligroso camino al destierro, los partidarios de su enemigo lo atacaron una y otra vez. Según la tradición, en el momento más crítico trescientos jabalíes bajaron de los montes cercanos y lo escoltaron durante el resto del viaje, protegiéndolo de todos los ataques. Y aún más extraordinario: las lesiones que Kiyomaro había sufrido, que lo habían dejado sin poder caminar, sanaron milagrosamente durante el trayecto.
Cuando fue rehabilitado y volvió a la corte, Kiyomaro acabó convertido en deidad protectora. El santuario erigido en su honor adoptó al jabalí como animal sagrado, en memoria de los trescientos guardianes que lo salvaron.
Los jabalíes del recinto
El elemento más visible del santuario, nada más llegar, son los koma-inoshishi: los guardianes jabalí que flanquean la entrada principal y el edificio principal. Su presencia, en lugar de los habituales leones komainu, es una rareza en los santuarios japoneses y el detalle que más desconcierta a los visitantes habituales de Kioto que llegan aquí por primera vez.
La fuente del jabalí
La fuente de abluciones (temizuya) tiene, en lugar del dragón habitual, una escultura de bronce de un jabalí. El agua brota de su boca y los visitantes la usan para purificarse ritualmente antes de acercarse al altar principal. Según la tradición, acariciar el hocico del jabalí atrae buena fortuna; la decoloración del bronce en esa zona da fe de las muchas manos que lo han tocado.
Las esculturas en troncos
Varios troncos de árbol del recinto han sido tallados con imágenes de jabalíes por artesanos locales. Una de estas esculturas tiene más de trescientos años y conserva la pátina del tiempo.
La especialidad del santuario: piernas, caderas y pies
El santuario Go’o goza de una reputación muy concreta en la ciudad: es el lugar donde se viene a pedir por la salud de las extremidades inferiores. Esa fama deriva directamente de la curación milagrosa de las piernas de Kiyomaro durante su exilio.
En el recinto hay un monumento de piedra dedicado específicamente a caderas, piernas y pies, con barras metálicas de apoyo instaladas alrededor para que los visitantes con movilidad reducida puedan acercarse a rezar. Es un detalle de atención práctica poco habitual en un espacio religioso.
Atletas profesionales japoneses —corredores de fondo, futbolistas, tenistas— han visitado el santuario antes de competiciones importantes, incluidos algunos que participaban en los Juegos Olímpicos. La tienda del santuario (abierta hasta las 17:00) vende amuletos específicos, llamados kuratateigushi, con imágenes de jabalíes, en paquetes de aproximadamente 6,24 USD.
Los festivales
Día 21 de cada mes: festival Ashi Koshi
Una ceremonia mensual dedicada específicamente a la salud de caderas y piernas. Es breve, sin grandes aparatos, pero su regularidad hace al santuario especialmente accesible para los vecinos que quieren renovar su petición cada mes.
4 de abril: Goou Taisai
El festival anual más importante, con rituales sintoístas de mayor elaboración.
1 de noviembre: Inoko Sai
Festival de la cosecha de otoño con un significado específico ligado a los jabalíes que, en la cultura japonesa antigua, se asociaban a la abundancia y a la fertilidad de la tierra.
Cómo combinarlo con el Palacio Imperial
El santuario Go’o es uno de los destinos que mejor se combinan con una visita al Palacio Imperial de Kioto. Las entradas al palacio se reservan con antelación a través de la web de la Agencia de la Casa Imperial, y la visita guiada gratuita dura unos 50 minutos.
Una vez en la zona, el santuario queda al cruzar la calle desde uno de los accesos del palacio. Una tarde de Kioto que combine el palacio con el Go’o y con el cercano santuario Shimogamo (a 15 minutos al norte en bicicleta) ofrece una perspectiva de la ciudad histórica menos transitada que los circuitos de Higashiyama.
Consejos finales
- La tienda del santuario cierra a las 17:00, antes que el recinto; compra los amuletos o el goshuin (sello del santuario) antes de esa hora.
- El santuario es muy pequeño: bastan de 20 a 30 minutos para verlo con calma.
- Visitarlo en días de festival (sobre todo el 4 de abril) permite verlo con actividad ceremonial y un ambiente más vivo.
- Para los fotógrafos, las estatuas de jabalí de la fuente son el elemento más difícil de encontrar en otros santuarios de Japón; documentarlas bien merece dedicarles tiempo.