Tokio
Megalópolis que nunca duerme: Shibuya, Akihabara, Shinjuku, templos centenarios y el mejor sushi del país.
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Megalópolis que nunca duerme: Shibuya, Akihabara, Shinjuku, templos centenarios y el mejor sushi del país.
Antigua capital imperial con más de 1.600 templos, los toriis de Fushimi Inari y el barrio geisha de Gion.
Capital gastronómica de Japón: takoyaki, okonomiyaki y la energía neón de Dotonbori.
Refugio de aguas termales con vistas al Fuji, lago Ashi en barco pirata y el valle Owakudani.
Primera capital de Japón, famosa por sus ciervos sagrados y el gigantesco Buda del Todai-ji.
Ciudad-memorial por la paz, con el Parque Memorial, la Cúpula Genbaku y su famoso okonomiyaki.
Antigua capital samurái junto al mar, hogar del Gran Buda de bronce y decenas de templos zen.
Ciudad de montaña con santuarios dorados Patrimonio de la UNESCO entre cedros milenarios, cascadas y lagos volcánicos.
Hogar del icónico torii flotante de Itsukushima, ciervos en la playa y el monte Misen con vistas al mar interior.
Hogar de la «Garza Blanca», el castillo más bello y mejor conservado de Japón, original de madera y Patrimonio de la Humanidad.
Famosa por su festival de la nieve, el miso ramen, la cerveza Sapporo y los mercados de marisco.
El gran puerto cosmopolita pegado a Tokio: el mayor Chinatown del país, el futurista paseo de Minato Mirai y museos del ramen y los fideos instantáneos.
El lago con la mejor estampa del monte Fuji: pagodas, campos de lavanda, onsen con vistas y reflejos perfectos en el agua.
'La pequeña Kioto': jardín Kenroku-en, barrio geisha intacto y maestría en el pan de oro.
Aldea Patrimonio de la Humanidad de casas gassho-zukuri, con sus enormes tejados de paja en forma de manos rezando, mágica bajo la nieve y rodeada de montañas.
Capital del tonkotsu ramen y hogar de los yatai, los puestos callejeros junto al río Naka.
Calles de la era Edo perfectamente preservadas, sake artesanal y uno de los festivales de carrozas más bellos.
La ciudad a los pies del monte Fuji con la imagen más icónica del país: la pagoda Chureito y el volcán recortado al fondo de sus calles retro. Además, es la base del ascenso al Fuji.
Mundialmente famosa por su carne wagyu, el Chinatown Nankin-machi y unas vistas nocturnas de las mejores del mundo.
El pueblo de los famosos «monos de las nieves»: macacos salvajes que se bañan en pozas termales rodeados de nieve, junto a un encantador pueblo onsen de 1.300 años, Shibu.
Hogar del «castillo del cuervo», uno de los castillos originales más bellos de Japón, a los pies de los Alpes y puerta de entrada al valle de Kamikochi.
La gran ciudad industrial de Japón (cuna de Toyota), con el castillo dorado de los Tokugawa y una cocina propia tan potente que tiene nombre: «Nagoya meshi».
Pueblo monástico en lo alto del monte sagrado del budismo Shingon, donde dormir y meditar entre cedros y templos milenarios.
Pueblo portuario nostálgico junto a Sapporo: un canal de farolas de gas, almacenes de piedra, talleres de cristal y cajas de música, y el sushi más fresco de Hokkaido.
Ciudad de montaña que acogió los Juegos Olímpicos de invierno, con el gran templo Zenko-ji y la puerta de entrada a los famosos monos de las nieves de Jigokudani.
La capital tropical de Okinawa: cultura del antiguo reino Ryukyu, el castillo rojo de Shuri, la animada calle Kokusai y la puerta de entrada a las mejores playas del sur de Japón.
Puerto de mestizaje único (holandés, chino y cristiano), con el conmovedor Parque de la Paz, el barrio Glover y una de las tres mejores vistas nocturnas del mundo.
Puerto del sur de Hokkaido con una de las tres mejores vistas nocturnas del mundo, un mercado matutino de marisco, barrios de aire occidental y un fuerte en forma de estrella.
El lugar más sagrado del sintoísmo: Ise Jingu, el gran santuario dedicado a la diosa del sol que se reconstruye entero cada 20 años, en un bosque milenario.
Uno de los balnearios más venerados de Japón, con el humeante «campo de agua caliente» (yubatake) en pleno centro, el ritual del yumomi y aguas tan potentes que dicen que lo curan todo.
La capital del onsen en Japón: una ciudad entre columnas de vapor, con los coloridos «Ocho Infiernos», baños de arena caliente y más agua termal que ningún otro lugar del país.
Elegante refugio de montaña a una hora de Tokio: bosques para pasear en bici, cascadas y estanques, un enorme outlet junto a la estación y otoños espectaculares.
El pueblo termal con más encanto de Kansai: se pasea en yukata y zuecos de un baño público a otro (hay siete) por una calle de sauces junto al río. En invierno, capital del cangrejo.
La meca mundial del esquí: una de las mejores nieves polvo del planeta, con el cono perfecto del monte Yotei de fondo, onsen para el aprés-ski y un ambiente muy internacional.
La capital del mejor matcha de Japón, a un paso de Kioto, con el templo del Fénix que sale en la moneda de 10 yenes y los escenarios del clásico «La historia de Genji».
Ciudad histórica de canales y almacenes blancos de la era Edo (el barrio Bikan), hoy galerías y boutiques, con un sorprendente museo de arte occidental y la cuna del vaquero japonés.
La «ciudad de los árboles», capital de Tohoku: avenidas verdes, la lengua de ternera a la brasa (gyutan), el legado del señor samurái Date Masamune y el gran festival Tanabata.
La isla-museo del arte contemporáneo en el mar interior de Seto: arquitectura de Tadao Ando, instalaciones por todas partes y la famosa calabaza amarilla de Yayoi Kusama.
Pueblo onsen refinado y con encanto al pie del monte Yufu: una calle de boutiques y cafés, un lago entre brumas y ryokan elegantes para una noche termal de lujo.
El centro de Hokkaido que se tiñe de morado en verano con sus campos de lavanda, tierra de melones premium, vino y queso, y estación de esquí en invierno.
El pueblo-posada más auténtico de la ruta Nakasendo: sin cables ni coches a la vista durante el día, parece detenido en la época Edo. El final perfecto de la caminata desde Magome.
El paraíso tropical del extremo sur de Japón (más cerca de Taiwán que de Tokio): playas turquesa, mantarrayas, una bahía esmeralda de postal y la puerta a las islas vírgenes de Yaeyama.
Pueblo-posada empedrado y en cuesta de la antigua ruta Nakasendo, punto de partida de una de las caminatas históricas más bonitas de Japón hasta su gemelo Tsumago.
Un pueblo costero ante una de las «tres vistas más bellas de Japón»: una bahía salpicada de más de 250 islotes cubiertos de pinos, con templos zen, paseos en barco y ostras de fama.
Ciudad del jardín Korakuen, uno de los tres más bellos de Japón, junto a un castillo negro; tierra de la leyenda de Momotaro, fruta dulce y puerta a Kurashiki y las islas de arte.
La mayor ciudad de Shikoku: un castillo original en lo alto, el legendario Dogo Onsen (uno de los baños más antiguos de Japón) y una fuerte tradición literaria de haiku.
Ciudad de tradición milenaria famosa por la pesca nocturna con cormoranes en el río Nagara y un castillo encaramado en un cono volcánico con vistas inmensas.
La «Nápoles de Japón»: una ciudad de clima cálido frente al volcán Sakurajima en constante actividad, con un jardín señorial, baños de arena negra cerca y mucha historia samurái.
Isla tropical de Okinawa con algunas de las mejores playas de Japón, como Yonaha Maehama, agua turquesa para snorkel y espectaculares puentes que saltan de islote en islote.
El paisaje más bonito de Hokkaido: colinas onduladas en mosaico de cultivos, árboles solitarios famosos y el surrealista «Estanque Azul» de aguas turquesa.
El pueblo termal más fotogénico de Japón: ryokan de madera de varias plantas a ambos lados de un río, farolas de gas y, en invierno, una estampa nevada de cuento.
Ciudad de Kyushu con uno de los castillos más imponentes de Japón (renacido tras los terremotos de 2016), un jardín-paisaje precioso y la mascota más famosa del país: Kumamon.
Pueblo costero de cuestas, templos y gatos frente al mar interior, y punto de partida del Shimanami Kaido, la ruta ciclista que salta de isla en isla hasta Shikoku.
Ciudad junto a una bahía cristalina y puerta a los Alpes japoneses por la espectacular Ruta Alpina de Tateyama-Kurobe, con sus murallas de nieve de hasta 16 metros y un marisco de altura.
Pueblo costero del sur de la península de Izu, la escapada de playa favorita de los tokiotas: arena blanca, aguas cristalinas y el lugar histórico donde Japón se abrió a Occidente.
Una de las mayores calderas volcánicas activas del mundo: un cráter humeante que se puede visitar, praderas inmensas con vacas pastando y carreteras de paisaje de otro planeta.
La ciudad de las únicas grandes dunas de arena de Japón: un pequeño desierto junto al mar con paseos en camello, sandboard y un sorprendente museo de esculturas de arena.
El extremo norte de Honshu: cuna del espectacular festival Nebuta de carrozas iluminadas, tierra de las mejores manzanas de Japón y puerta a un yacimiento prehistórico Patrimonio de la Humanidad.
La hermana tranquila de Shirakawa-go: aldeas de casas gassho Patrimonio de la Humanidad, mucho más pequeñas y silenciosas, con tradición de papel artesanal y un aire detenido en el tiempo.
El onsen más famoso de Hokkaido, con un humeante «Valle del Infierno» de vapores sulfurosos y pozas burbujeantes que alimentan unas aguas termales potentísimas.
Pueblo costero de Wakayama con una playa tropical de arena blanca, uno de los onsen más antiguos de Japón frente al Pacífico, acantilados espectaculares y un gran parque safari-marino.
Hogar de Izumo Taisha, uno de los santuarios más antiguos y sagrados de Japón, dedicado al dios de las uniones, donde la mitología dice que cada otoño se reúnen todos los dioses.
La puerta a las islas de arte del mar interior, con uno de los jardines más bellos de Japón (Ritsurin) y la capital del udon: la región donde mejor se come este fideo.
Ciudad costera del Kansai con un castillo blanco de los Tokugawa, un mercado donde despiezan atunes en directo, islas «de Laputa» y puerta a los caminos sagrados de Kumano y al monte Koya.
La ciudad del castillo con torre original del norte y, sobre todo, del mejor hanami de Japón: miles de cerezos que cubren los fosos del castillo con alfombras de pétalos rosas.
La «ciudad del agua» de la apartada costa de San'in: uno de los doce castillos originales (y Tesoro Nacional), barrios de samuráis y puestas de sol legendarias sobre el lago Shinji.
Pueblo sagrado en las montañas de Kyushu, cuna de la mitología japonesa, con una garganta de aguas turquesa y cascadas que se recorre en barca y danzas nocturnas que narran los mitos de los dioses.
Un templo de montaña espectacular encaramado entre rocas y cedros, inmortalizado por el poeta Bashō, al que se sube por 1.015 escalones hasta un mirador de vértigo.
La «pequeña Kioto» de Tohoku: un distrito de casas de samurái de madera negra perfectamente conservado, espectacular en primavera cuando lo cubren cientos de cerezos llorones.
Antigua ciudad samurái de Fukushima, con el único castillo de tejas rojas de Japón, la trágica historia de los jóvenes Byakkotai, un templo de doble hélice y un sake excelente.
El pueblo del santuario Konpira-san, protector de los marineros, al que se sube por una larga escalinata de cientos de peldaños entre cedros, tiendas y miradores.
La capital indiscutible del fugu (pez globo) y la puerta marítima entre Honshu y Kyushu, en el estrecho de Kanmon, escenario de una batalla naval que cambió la historia de Japón.
Una pequeña isla del archipiélago Kerama, parque nacional marino, con algunas de las aguas más cristalinas de Japón (el «azul Kerama»), tortugas, snorkel de ensueño y ballenas en invierno.
El sur subtropical de Japón: palmeras, playas de surf, una isla rodeada de rocas con forma de tabla de lavar, un santuario dentro de una cueva y una cocina deliciosa de pollo.
Ciudad del norte profundo: cuna del espectacular festival Kanto de pértigas de farolillos, de los famosos perros Akita y de los ogros namahage, con inviernos de mucha nieve.
El extremo sur de Kyushu, famoso por sus baños de arena volcánica caliente junto al mar: te entierran en la playa calentada por el vapor de la tierra, una experiencia onsen única en Japón.
Pequeña ciudad costera con un barrio samurái de la época Edo intacto, famosa por su cerámica Hagi-yaki y por ser una de las cunas de la Restauración Meiji que modernizó Japón.
Ciudad tranquila del norte, con las ruinas de su castillo, un cerezo que brota de una roca y, sobre todo, tres tipos de fideos famosísimos: wanko soba, jajamen y reimen.
Ciudad relajada del sur de Shikoku con uno de los pocos castillos totalmente originales de Japón, un mercado dominical centenario y el bonito a la brasa de paja como plato estrella.
Pueblo termal en un cañón fluvial junto a Nikko, con onsen al aire libre, un descenso en barca por el río y dos parques temáticos muy divertidos en familia.
La «Kioto del oeste»: una ciudad tranquila con una de las tres mejores pagodas de cinco pisos de Japón, jardines zen, una iglesia ligada a San Francisco Javier y un onsen cercano.