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Templo Eikando de Kioto: el Buda que mira hacia atrás

En el extremo sur del famoso Camino del Filósofo, donde el canal flanqueado de arces y cerezos llega a su fin, se abre el recinto del Eikando, uno de los templos budistas más particulares de Kioto. Lo que lo distingue de todos los demás es su imagen principal: un Buda Amida que no mira al frente, sino que gira la cabeza y sonríe hacia atrás. El Mikaeri Amida —literalmente, “el Amida que se vuelve a mirar”— tiene su propia historia y dota al templo de una atmósfera diferente a la de cualquier otro lugar del circuito de Higashiyama.

Resumen rápido

  • El Eikando está al final del Camino del Filósofo, en el barrio de Higashiyama oriental.
  • Su imagen principal, el Mikaeri Amida, es única en el budismo japonés: el Buda mira hacia atrás.
  • Los 3.000 arces del recinto hacen del Eikando uno de los mejores lugares de Kioto para el momiji.
  • Las iluminaciones nocturnas de otoño (17:30-20:30) requieren entrada separada.
  • Horario general: de 9:00 a 17:00 (última entrada a las 16:00).
  • Acceso recomendado: metro línea Tozai hasta Keage y, desde allí, 20 minutos andando.

Historia: de villa a templo budista de la Tierra Pura

El Eikando tiene sus raíces en el año 853, cuando un noble cortesano cedió su villa al abad budista Shinjo. El abad, discípulo del gran Kobo Daishi, construyó allí un hall para la práctica del budismo esotérico. Así nació el templo conocido formalmente como Muryojuin Zenrinji.

El nombre “Eikando” procede del séptimo abad, Eikan (1033-1111), que convirtió el templo a la escuela de la Tierra Pura y lo revitalizó. Eikan es, además, el protagonista de la leyenda del Mikaeri Amida.

Como muchos templos de Kioto, el Eikando sufrió la destrucción de la Guerra Onin (1467-1477) y fue reconstruido progresivamente a partir de 1497. La mayoría de las estructuras actuales corresponden a los períodos Momoyama y Edo (siglos XVI-XVIII).

La leyenda del Mikaeri Amida

En el año 1082, el abad Eikan realizaba la práctica del Nembutsu en el hall principal: caminar en círculo alrededor del altar recitando el nombre del Buda Amida, una práctica meditativa conocida como jogyo-zanmai. Según la tradición del templo, la estatua del Buda Amida descendió del altar y comenzó a caminar frente a él. Eikan, sorprendido, se detuvo. El Buda giró la cabeza hacia él y le dijo: “Eikan, no te quedes atrás”.

Conmovido por la visión, Eikan no quiso que nadie modificara la posición de la cabeza. La estatua ha permanecido así desde entonces: con la mirada girada noventa grados hacia la izquierda y una ligera sonrisa.

Esta representación de Amida es completamente única en el arte budista japonés. Todas las demás imágenes de Amida miran al frente; la del Eikando es la única que “se vuelve a mirar”. El gesto se interpreta como una muestra de compasión activa: el Buda no espera a que los fieles lleguen hasta él, sino que se gira para comprobar que no se quedan rezagados en el camino.

La estatua se encuentra en el Amida-do y, según la tradición, fue trasladada aquí en 1607 desde el templo Shitennoji de Osaka. No está permitido fotografiarla.

Los espacios del templo

El Eikando es un recinto extenso que se recorre a través de corredores de madera y escaleras que ascienden por la ladera del monte.

El Shaka-do

Es el primer edificio que se visita al entrar. Seis habitaciones interconectadas rodean un estanque y un jardín. La arquitectura es del período Muromachi (siglos XIV-XVI), y las puertas correderas (fusuma) están decoradas con pinturas que han sobrevivido de forma fragmentaria. Aquí se quitan los zapatos para el resto de la visita interior.

El Miei-do

El hall del fundador, algo más grande que el Amida-do pese a no ser el hall principal. Fue reconstruido en 1912 y contiene la imagen venerada del abad Eikan.

El Amida-do

El hall donde reside el Mikaeri Amida. La estatua original data del período Heian tardío, aunque ha sido restaurada en varias ocasiones. La práctica del jogyo-zanmai —caminar en círculo recitando el Nembutsu— sigue celebrándose aquí periódicamente.

Las escaleras Garyuro

Uno de los elementos más fotografiados del templo: una escalera de madera que sube serpenteando por la ladera, siguiendo el contorno natural del terreno. Su nombre significa “escalera del dragón dormido”, en referencia a su forma ondulada. Data del siglo XVI, aunque fue restaurada en el XX.

El pino Sanko-no-Matsu

Un pino centenario con agujas de tres ramas (la variedad habitual tiene dos). La tradición dice que sus tres ramas representan la tríada budista de sabiduría, compasión y sinceridad.

El suikinkutsu

Una fuente decorativa cuyo funcionamiento produce sonidos que recuerdan a un koto (arpa japonesa). El agua cae sobre una vasija de cerámica enterrada que amplifica y transforma el sonido. Hay que agacharse y escuchar de cerca para apreciarlo.

La pagoda Tahoto

Una pagoda de dos plantas, con base cuadrada y nivel superior circular, construida en 1928. Alberga imágenes de Shaka Nyorai y Taho Nyorai. Desde aquí se obtienen vistas del jardín y los arces.

El otoño en el Eikando

El Eikando reúne unos 3.000 arces distribuidos por todo el recinto. En la segunda quincena de noviembre, cuando el color rojo del momiji alcanza su plenitud, el templo se convierte en uno de los mejores lugares de Kioto para ver el otoño.

Las iluminaciones nocturnas (17:30-20:30) transforman el recinto durante la temporada otoñal. Las luces proyectadas sobre los arces y su reflejo en el estanque crean una atmósfera completamente distinta a la de la visita diurna. Esta sesión nocturna tiene entrada separada y puede generar colas de hasta hora y media en los días de mayor afluencia, así que llegar antes de las 17:00 es la mejor estrategia.

Cómo llegar

Opción recomendada (metro): línea Karasuma hasta Karasuma-Oike y transbordo a la línea Tozai hasta Keage (unos 20 minutos desde Kioto Station). Desde Keage, hay unos 20 minutos andando por el Camino del Filósofo. Esta opción no está cubierta por el JR Pass, pero es la más fiable en cuanto a tiempo.

En autobús: la línea número 5 desde la estación de Kioto llega a la parada Nanzenji-Eikando-michi (35 minutos en teoría; en temporada alta puede ser el doble por el tráfico de Kioto).

El templo está a pocos minutos andando del Nanzen-ji, lo que permite combinar ambas visitas en una misma tarde.

Consejos finales

  • Visitar el Eikando en temporada normal (fuera del momiji) es mucho más tranquilo y permite disfrutar del recinto sin aglomeraciones. Los jardines y la arquitectura resultan igual de interesantes en verano o en primavera.
  • El sello goshuin del templo está disponible en la entrada. Conviene pedirlo al final de la visita para no retrasar el inicio del recorrido.
  • Las iluminaciones de otoño son espectaculares, pero también muy concurridas. Si priorizas la experiencia sobre la fotografía, la visita nocturna entre semana es preferible a la del fin de semana.
  • Combinar el Eikando con el Nanzen-ji y el Camino del Filósofo da para una mañana completa que cubre algunas de las mejores imágenes del Kioto oriental.
Destinos Por Japonizados 23 de mayo de 2026 10 min de lectura