Akita

Akita es la principal ciudad de una región del norte famosa por su naturaleza, sus inviernos nevadísimos, su arroz y su sake (de los mejores de Japón), y unas tradiciones muy vivas. Capital de la prefectura del mismo nombre y con unos 300.000 habitantes, se asoma al mar de Japón. No es un destino de grandes monumentos, sino de cultura popular, festivales y buena comida.

Es tierra de los perros Akita (la raza fiel de Hachiko), de los ogros namahage que asustan a los niños en Año Nuevo, y de uno de los grandes festivales de verano de Japón. Una base perfecta para conocer el Tohoku más auténtico: una ciudad con carácter propio, poco contaminada por el turismo masivo, que recompensa al viajero que llega sin prisas.

El festival Kanto

El Kanto Matsuri es el gran espectáculo de Akita: en la avenida Chuo, artistas que equilibran enormes pértigas de bambú (de hasta 12 m) cargadas con decenas de farolillos encendidos con velas reales, sosteniéndolas sobre las palmas, la frente, el hombro o la cadera. Hasta 280 pértigas con cerca de 10.000 farolillos iluminan la noche como espigas de arroz brillantes.

El festival se celebra del 3 al 6 de agosto, con el desfile nocturno a partir de las 19:20. Está reconocido por el Libro Guinness como el más espectacular de su tipo y es Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO desde 1980. ¿No viajas en agosto? En el museo Neburi Nagashi-kan, abierto todo el año, hay pértigas expuestas y hasta puedes probar a equilibrar una. Así no te quedas sin verlo.

Perros Akita y ogros namahage

Akita da nombre a la famosa raza de perros (la de Hachiko, el perro fiel). Y en la península de Oga, al oeste, sobreviven los namahage: hombres disfrazados de oni (demonios) con máscaras terroríficas y cuchillos de paja que en Año Nuevo van casa por casa gritando «¿Hay niños que lloran? ¿Hay perezosos?» para que los desobedientes prometan portarse mejor. Hay un museo para conocer esta curiosa tradición.

Arte de primer nivel: Tadao Ando y Foujita

Pocos lo esperan, pero Akita tiene un museo de arte sorprendente: el Museo de Arte de Akita (2013), obra del arquitecto Tadao Ando. Reúne piezas de Picasso, Rubens, Rembrandt y Goya, y su joya es una de las colecciones más extensas del mundo de Tsuguharu Foujita (1886-1968), el pintor japonés de la época de Montparnasse que fusionó la pintura japonesa con el modernismo europeo. El propio edificio, de hormigón visto y luz natural, merece la visita.

¿Cuánto cuesta? (precios orientativos)

El museo del festival (Neburi Nagashi-kan), 0,81 USD. El parque Senshu (ruinas del castillo) es gratis; su torreta yagura reconstruida, 0,94 USD. El Museo de Arte de Akita, 1,94 USD la exposición permanente. Probar el kiritanpo (palitos de arroz en caldo) o el buen sake de Akita, unos pocos yenes. Un destino muy asequible.

¿Cuándo ir?

Agosto, para el festival Kanto. El invierno (diciembre–febrero) es nevadísimo —la costa del mar de Japón recibe la nieve del continente—, ideal para los onsen de Nyuto y el lago Tazawa en paisaje blanco. Primavera y otoño son suaves y tranquilos, con menos turistas. El kiritanpo apetece más con frío.

¿Cómo es Akita?

💴 Asequible
4/5
🍵 Tranquilidad
5/5
⛩️ Cultura
3/5
🌿 Naturaleza
4/5
🍣 Gastronomía
3/5

Ubicación