Himeji

Himeji tiene el castillo más impresionante de Japón, y punto. Mientras casi todos los castillos del país son reconstrucciones de hormigón, el de Himeji es ORIGINAL, de madera, y ha sobrevivido a guerras, terremotos y bombardeos. Por eso es Patrimonio de la Humanidad (desde 1993) y Tesoro Nacional.

Lo llaman la «Garza Blanca» (Hakuro-jo o Shirasagi-jo) por su silueta blanca y elegante, como un ave a punto de alzar el vuelo. Es uno de los doce castillos originales que quedan en Japón —los que conservan sus estructuras de madera del período Edo— y, entre ellos, el de mayor escala y el mejor conservado. La ciudad en sí es tranquila; la mayoría llega en tren, visita el castillo y el jardín de al lado, y sigue su ruta, aunque hay para más de un día.

Una historia que lo explica todo

Hubo un primer fuerte en la colina de Himeyama en 1333. En 1581 Toyotomi Hideyoshi levantó aquí un castillo de tres pisos como base de sus campañas en el oeste. Pero el castillo que vemos hoy lo construyó Ikeda Terumasa, yerno de Tokugawa Ieyasu, a partir de 1601: desmanteló lo anterior y tardó casi una década en completar la gran torre y su red de murallas, fosos y puertas. Lo extraordinario es que sobrevivió intacto al siglo XX: a diferencia de Nagoya, Osaka o Hiroshima, escapó de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, así que cuando Japón empezó a reconstruir castillos en hormigón, el de Himeji no lo necesitaba: era auténtico.

El castillo por dentro

No es solo la foto de fuera: se entra y se suben las seis plantas de la torre principal (46,4 m de altura, una de ellas subterránea) por escaleras de madera empinadas hasta lo alto, viendo las defensas, las troneras y los recovecos diseñados para confundir a los atacantes. Subir y bajar lleva unos 45 minutos. En lo más alto hay un pequeño santuario sintoísta, el Osakabe-myojin, y vistas de la ciudad y, en días claros, del mar Interior de Seto. Sales entendiendo cómo se defendía un castillo japonés.

Un sistema defensivo magistral

El castillo no es una sola torre, sino un sistema defensivo sofisticadísimo: la torre principal está rodeada de torres auxiliares unidas por corredores cubiertos, y todo el conjunto se protege con murallas, fosos y puertas sucesivas. En los muros hay 997 aberturas defensivas (sama), de tres formas según el arma: cuadradas para arqueros, circulares para mosquetes y triangulares para uso múltiple. El recorrido al interior atraviesa puertas en laberinto y patios que terminan en callejones sin salida; los tejados los coronan figuras de shachihoko cubiertas de oro de 18 quilates.

El jardín de al lado: Koko-en

Junto al castillo, a apenas cien metros al oeste, está Koko-en: nueve jardines japoneses de estilo Edo abiertos en 1992 sobre el solar de la antigua residencia del señor feudal, con estanques de carpas, una casa de té y rincones preciosos. Cada uno tiene su carácter (jardín de bambú, de pinos, de flores de temporada, jardín seco de piedra) y la vegetación cambia por completo con cada estación. Una entrada combinada con el castillo sale a cuenta (16,24 USD).

¿Cuánto cuesta? (precios orientativos)

La entrada al castillo cuesta 15,61 USD. La combinada con el jardín Koko-en, 16,24 USD, apenas cien yenes más: con esa diferencia el jardín sale prácticamente regalado. Y poco más: Himeji es una visita barata. El gasto, si acaso, es el tren para llegar.

¿Cuándo ir?

Todo el año. La primavera es espectacular: el castillo blanco rodeado de cerezos es de las imágenes más bonitas de Japón (y de las más concurridas). El otoño también luce, con los arces del jardín. Ve a primera hora para evitar colas y aglomeraciones dentro de la torre.

Ojo: el castillo cierra los lunes por mantenimiento (o el martes si el lunes es festivo) y los días 29 y 30 de diciembre. Comprueba el calendario antes de planificar.

¿Cómo es Himeji?

💴 Asequible
4/5
🍵 Tranquilidad
3/5
⛩️ Cultura
5/5
🌿 Naturaleza
3/5
🍣 Gastronomía
3/5

Qué hacer en Himeji

Ubicación