Yamadera

Yamadera («el templo de la montaña») es uno de los lugares más bellos y serenos del norte de Japón. Su nombre oficial es Hōjusan Risshaku-ji, un templo fundado en el año 860 cuyos pabellones se reparten por la ladera del monte Hōju entre rocas, cuevas y cedros gigantes. Subir hasta arriba es una pequeña peregrinación inolvidable.

Lo fundó el monje Ennin (conocido póstumamente como Jikaku Daishi), uno de los padres del budismo Tendai en Japón y también responsable de templos como el Chūson-ji de Hiraizumi y el Zuigan-ji de Matsushima. No eligió este monte por casualidad: las montañas eran el entorno preferido para la práctica ascética y contemplativa de su escuela.

Es famoso, entre otras cosas, porque en 1689 el gran poeta Matsuo Bashō llegó aquí tras semanas caminando por Tōhoku y escribió uno de sus haikus más célebres: «Qué quietud / la voz de la cigarra / penetra las rocas». Ese poema captura algo que el lugar todavía conserva: una soledad sonora difícil de encontrar en otro sitio de Japón.

La subida: 1.015 escalones

Desde la base hasta el santuario interior hay 1.015 escalones de piedra que serpentean entre los árboles y las rocas. No todos son igual de exigentes: hay tramos llanos y otros muy empinados, y los peldaños son irregulares. Se sube tranquilo, parando en pabellones y miradores; la tradición dice que cada escalón te ayuda a dejar atrás las preocupaciones. El recorrido completo, ida y vuelta sin prisa, lleva entre 60 y 90 minutos.

El sendero pasa bajo cedros centenarios, entre rocas de formas caprichosas y junto a pequeñas capillas repartidas por la ladera. En los meses húmedos, el musgo, los helechos y el sonido del agua añaden una dimensión sensorial extra al ascenso.

No es una subida dura, pero son escalones de piedra irregular: lleva calzado cómodo con buen agarre y agua, y ve con calma. La entrada al recinto del monte cuesta 3,12 USD (solo en efectivo). El templo cierra a las 16:00 (15:00 en invierno). En invierno, con hielo y nieve, los escalones resbalan: extrema el cuidado.

La recompensa: el mirador Godaidō

Casi arriba, construido sobre un saliente rocoso de la ladera, está el Godaidō, la plataforma de observación del templo: una pasarela de madera asomada al vacío con una vista impresionante del valle, el pueblo y las montañas circundantes. Es la foto clásica de Yamadera y el premio perfecto a la subida.

¿Cuándo ir?

Otoño (los arces del monte Hōju se tiñen de rojo y naranja en octubre y noviembre) es quizá su mejor momento, y la primavera con cerezos también es preciosa. El verano es verde, denso y fresco bajo los cedros, con las cigarras del haiku de Bashō. En invierno, nevado, es mágico pero los escalones helados exigen mucho cuidado.

¿Cómo es Yamadera?

💴 Asequible
4/5
🍵 Tranquilidad
5/5
⛩️ Cultura
5/5
🌿 Naturaleza
5/5
🍣 Gastronomía
2/5

Ubicación