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Yokai: las criaturas del folclore japonés
En este artículo
- Resumen rápido
- Qué son los yokai y por qué no son fantasmas
- Raíces: sintoísmo y los dioses caídos
- Los yokai más famosos
- El kappa (河童)
- El tengu (天狗)
- El oni (鬼)
- El kitsune (狐)
- El tanuki (狸)
- Los tsukumogami: cuando los objetos se animan
- Los artistas del período Edo y el nacimiento de la iconografía yokai
- Dónde encontrar los yokai hoy
- Sakaiminato (Tottori)
- Fukusaki (Hyogo)
- Tono (Iwate)
- Kioto
- Consejos finales
Los monstruos occidentales combaten contra héroes, destruyen aldeas y acaban derrotados (o derrotan). Los yokai japoneses no funcionan así. Habitan los mismos espacios que los humanos: los cruces de caminos al anochecer, los ríos de las aldeas, los objetos olvidados que llevan décadas en el desván. Algunos son peligrosos. Otros, absurdos. Muchos, simplemente incomprensibles. Y todos forman parte de un sistema de creencias que ha marcado la literatura, el arte y la cultura visual de Japón durante más de mil años.
Resumen rápido
- Los yokai son entidades sobrenaturales del folclore japonés, distintas de los fantasmas (yurei).
- Tienen raíces en el sintoísmo y se desarrollaron visualmente en el período Edo.
- Los artistas Toriyama Sekien y Katsushika Hokusai los convirtieron en un género artístico.
- Mizuki Shigeru los revivió en el siglo XX con el manga GeGeGe no Kitaro.
- Hay destinos específicos para conocerlos: Sakaiminato, Fukusaki, Tono, Kioto y Tokio.
Qué son los yokai y por qué no son fantasmas
La distinción entre yokai y yurei (fantasmas) es importante en la tradición japonesa. Los yurei están ligados a personas muertas: son espíritus de quienes tuvieron una muerte violenta, no resuelta o marcada por una pasión no satisfecha. Aparecen a las 2:00 de la madrugada, con kimono blanco y el cabello largo y negro cayendo sobre el rostro. No tienen pies.
Los yokai son otra cosa. No proceden necesariamente de personas muertas: pueden ser animales transformados, objetos animados, fuerzas de la naturaleza que adquieren forma o entidades sin origen preciso. Están vinculados a lugares concretos (un río, una montaña, un camino), no a personas, y cambiar de ubicación no los aleja.
Raíces: sintoísmo y los dioses caídos
El profesor Kunio Yanagita, fundador de la etnología japonesa, propuso que los yokai son, en esencia, “dioses que han caído”: deidades (kami) que perdieron a sus adoradores o cuyo culto se abandonó y que acabaron convertidas en entidades resentidas y perturbadoras.
El ejemplo clásico es el kappa. En origen era una deidad del agua (suijin) que los agricultores veneraban para asegurar el riego de los arrozales. Cuando se abandonaron los rituales dedicados a él, la deidad se transformó en el kappa: una criatura que acecha en los ríos para arrastrar a los caballos hacia el fondo o para robar niños. El mismo ser, transformado por el abandono.
Los yokai más famosos
El kappa (河童)
Criatura humanoide que vive en ríos y lagos. Tiene una cavidad circular en la cabeza llena de agua: si se vierte, el kappa pierde sus poderes. Es peligroso (ahoga caballos y se lleva niños), pero también se puede negociar con él: le gustan los pepinos (de ahí el rollo de sushi kappa-maki) y tiene un código de honor que lo obliga a devolver el favor a quien lo ayuda.
El tengu (天狗)
Guardián de las montañas, de nariz larga y cara roja, o con cabeza de cuervo según la variante. Los tengu son maestros de las artes marciales y castigan la arrogancia y la soberbia. Varios héroes de la tradición japonesa, incluido el samurai Minamoto no Yoshitsune, aprendieron a combatir de los tengu.
El oni (鬼)
El ogro japonés: musculoso, cornudo, de piel roja o azul y armado con una maza de hierro. Los oni son los castigadores del infierno budista y los guardianes de las puertas del mal. En el festival de Setsubun (principios de febrero), los niños lanzan alubias de soja gritando “Oni wa soto, fuku wa uchi” (“Fuera los oni, que entre la fortuna”). En algunas regiones del norte (Tohoku y Hokkaido), los oni son en realidad protectores que traen buena suerte.
El kitsune (狐)
El zorro. En el sintoísmo es el mensajero de Inari, deidad del arroz y los negocios, y aparece como protector en los miles de santuarios Inari del país. Pero el kitsune es también un gran embaucador que se transforma en mujeres hermosas o en ancianos sabios para confundir a los humanos. Cuantas más colas tiene (hasta nueve), más poderoso y experimentado es.
El tanuki (狸)
El mapache japonés, símbolo de prosperidad y buen augurio en el comercio. Sus estatuas custodian la entrada de restaurantes y bares de todo el país. El tanuki es un maestro de la transformación y el engaño, aunque su engaño es más cómico que malicioso.
Los tsukumogami: cuando los objetos se animan
Una categoría especial de yokai son los tsukumogami: objetos que adquieren vida y conciencia tras 100 años de existencia. Paraguas que desarrollan un ojo y una pierna, linternas que despiertan al caer la noche, futones que intentan asfixiar a quien los abandonó. Esta categoría refleja la visión animista japonesa, según la cual todo objeto que ha servido fielmente durante suficiente tiempo merece respeto.
Los artistas del período Edo y el nacimiento de la iconografía yokai
El período Edo (1603-1868) fue la gran era de la sistematización visual de los yokai. El artista Toriyama Sekien (1712-1788) publicó en 1776 su “Gazu hyakki yagyo” (La procesión ilustrada de cien demonios), que fijó el aspecto de decenas de yokai dispersos hasta entonces en la tradición oral. Sekien inventó muchos de ellos, construyendo nuevas criaturas a partir de juegos de palabras y críticas sociales a su época.
Katsushika Hokusai y Utagawa Kuniyoshi añadieron dimensiones psicológicas y épicas a los yokai, y los transformaron en protagonistas de historias de terror y aventura que influyeron directamente en el manga y el anime modernos.
Dónde encontrar los yokai hoy
Sakaiminato (Tottori)
La ciudad natal del mangaka Mizuki Shigeru tiene una calle de 800 metros dedicada a los yokai de su serie “GeGeGe no Kitaro”, con 177 estatuas de bronce. El museo de Mizuki Shigeru documenta su vida y su investigación de campo sobre el folclore yokai, y los trenes de la línea JR Sakai circulan con los vagones decorados con personajes de la serie.
Fukusaki (Hyogo)
El parque Tsujikawa-yama cuenta con instalaciones mecánicas de yokai que se activan a intervalos regulares: kappas que emergen del estanque, tengu voladores y un programa de esculturas de yokai repartidas por toda la ciudad.
Tono (Iwate)
El “río del kappa”, junto al templo Jokenji, conserva una tradición centenaria de ofrenda de pepinos a los kappas del río. La Aldea Furusato mantiene casas tradicionales en forma de L (magariya) donde, según se cuenta, viven los zashiki-warashi, los espíritus de la fortuna del hogar.
Kioto
La calle Ichijo (Taishogun Shotengai) era, en el período medieval, el recorrido habitual de la procesión de los cien demonios (hyakki yagyo). En octubre, el festival Ichijo Hyakki Yagyo organiza un desfile de disfraces de yokai.
Consejos finales
Los yokai son mucho más que entretenimiento folclórico: forman un sistema simbólico para hablar del miedo, de la naturaleza no domesticada y de los peligros que acechan fuera del espacio seguro de la comunidad. Conocerlos cambia la forma de mirar ciertos lugares de Japón: los cruces de caminos al atardecer, los ríos de las zonas rurales, los objetos olvidados en las esquinas de los templos. Tienen nombres. Y, antes, tenían a alguien que los escuchaba.