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Hiraizumi: Patrimonio de la Humanidad en Tohoku
En este artículo
En el siglo XII, mientras Europa levantaba sus catedrales góticas, en el norte de Japón el clan Fujiwara del Norte construía en Hiraizumi una ciudad que aspiraba a ser el paraíso budista en la tierra. Durante casi cien años (1105-1189), esta ciudad del actual Tohoku fue la segunda más grande de Japón, solo por detrás de Kioto, y su arte y su arquitectura encarnaban una visión del budismo de la Tierra Pura (jodo) según la cual el mundo material podía recrear el reino celestial descrito en los sutras. En 2011, la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad. Hoy, en el silencio de sus jardines en ruinas y ante el deslumbrante oro del Konjikido, es fácil entender por qué.
Resumen rápido
- Patrimonio UNESCO desde 2011: “Hiraizumi, Lugares y Monumentos que Representan el Budismo de la Tierra Pura”
- Ubicación: Hiraizumi, prefectura de Iwate, región de Tohoku
- Principales sitios: Chusonji (con el Konjikido dorado), Motsuji (jardín de la Tierra Pura) y Takadachi Gikeido
- Acceso: shinkansen Tohoku hasta Ichinoseki (~2h 30min desde Tokio) y luego tren JR local (8 min)
- Mejor época: primavera (cerezos) y otoño (follaje)
- Excursión de un día posible desde Sendai o Morioka
El contexto histórico: el clan Fujiwara del Norte
Los Fujiwara del Norte no eran los mismos Fujiwara que dominaron la corte imperial en Kioto durante el período Heian. Eran una rama del clan establecida en Mutsu (el norte del Honshu actual) que prosperó gracias al comercio del oro de las minas de la región y al control de las rutas terrestres y marítimas hacia el continente.
Las cuatro generaciones del clan (Kiyohira, Motohira, Hidehira y Yasuhira) gobernaron desde Hiraizumi entre 1087 y 1189 con una ambición cultural sin equivalente fuera de Kioto. Levantaron templos y jardines basados en el jodo shiso, la visión budista de la Tierra Pura: un paraíso celestial donde los seres iluminados habitan rodeados de una belleza perfecta. La idea era recrear ese paraíso en el mundo material como acto de piedad y como legado para las generaciones futuras.
La caída llegó en 1189, cuando Minamoto no Yoritomo, fundador del shogunato de Kamakura, atacó y destruyó al clan Fujiwara del Norte. Yasuhira fue asesinado por sus propios vasallos, que querían congraciarse con Yoritomo. El episodio arrastra un final trágico: Minamoto no Yoshitsune, el guerrero más brillante del clan Minamoto y hermano menor de Yoritomo, se había refugiado en Hiraizumi huyendo de su propio hermano. Fue precisamente el asesinato de Yoshitsune lo que desencadenó el ataque de Yoritomo. Su historia es uno de los relatos más populares de la literatura japonesa medieval.
Chusonji y el Konjikido
El templo Chusonji, en la ladera del monte Kanzan, sobre la ciudad, es el sitio más visitado de Hiraizumi. El camino de acceso (tsuki-mi-zaka) es un sendero bajo arces centenarios que en otoño se transforma en un túnel rojo y dorado de enorme belleza.
El Konjikido (Sala Dorada)
El Konjikido (金色堂), construido en 1124 por Fujiwara no Kiyohira, es la joya absoluta del complejo. Es una pequeña capilla de unos 5 metros cuadrados cubierta por completo de láminas de oro, tanto por fuera como por dentro: las paredes, las columnas, los altares y las esculturas. Las incrustaciones de nácar en la madera base del altar y los detalles en laca negra hacen de él uno de los logros artesanales más refinados del período Heian.
Dentro del altar reposan las urnas con los restos de tres de los cuatro señores del clan Fujiwara del Norte (Kiyohira, Motohira e Hidehira). Es, por tanto, un mausoleo además de un templo.
Para proteger la frágil sala dorada, el Konjikido se conserva hoy dentro de un edificio moderno de hormigón con control de temperatura y humedad. La visita se hace a través de un panel de vidrio que permite apreciar todos los detalles sin acercarse a la sala. La entrada al recinto del Chusonji cuesta 5,00 USD para adultos.
El resto del recinto de Chusonji
El recinto cuenta con varios edificios secundarios: la sala principal (hondo), el Kyozo (almacén de sutras del siglo XII), el Hakuzan Jinja (un santuario sintoísta dentro del recinto budista, reflejo del sincretismo japonés) y el Sankodo (sala de los tres luminarios). El museo Sankozo, junto al Konjikido, exhibe esculturas y objetos del período Fujiwara del Norte de gran calidad.
Motsuji: el jardín de la Tierra Pura
El templo Motsuji, en el llano al pie del monte, fue en su momento el mayor complejo budista de Tohoku. El incendio de 1226 destruyó los edificios principales y hoy solo quedan las ruinas de los cimientos y el jardín de la Tierra Pura, intacto.
El jardín de estanque (jodoteien) está considerado uno de los mejores ejemplos conservados del diseño de jardines de la Tierra Pura en Japón. El gran estanque central, Oizumigaike, alimentado por el río Koromo, es el corazón del jardín. Las islas, los puentes, los islotes de piedra y las configuraciones de las orillas recrean los paisajes descritos en los textos budistas como el paraíso del Buda Amitabha.
La entrada a Motsuji cuesta 3,12 USD. En primavera, el jardín se llena de lirios (con el hana matsuri de iris en junio), y en otoño el follaje de los arces crea un entorno excepcional.
Takadachi Gikeido y la leyenda de Yoshitsune
El pequeño memorial de Takadachi Gikeido, en lo alto de un promontorio sobre el río Kitakami, marca el lugar donde Minamoto no Yoshitsune se quitó la vida en 1189. Su historia es una de las más trágicas y romantizadas de Japón: un guerrero prodigioso que ganó la guerra de los Genpei para su hermano Yoritomo y fue recompensado con la persecución y la muerte. El poeta Matsuo Basho visitó este lugar en 1689 y escribió aquí uno de sus haikus más célebres.
La garganta de Geibikei
A unos 20 kilómetros de Hiraizumi, accesible en autobús o en coche, la garganta de Geibikei es un cañón de paredes verticales de 50 metros excavado por el río Satetsu. El paseo en barca (con barquero) a lo largo de los 2 kilómetros de la garganta resulta especialmente espectacular en otoño, cuando el follaje tiñe las paredes de rojo y naranja. El barquero impulsa la embarcación con una pértiga, manteniendo viva una tradición de transporte que existe desde hace siglos.
Cómo llegar y moverse
Desde Tokio: Shinkansen Tohoku hasta Ichinoseki (unas 2h 30min, cubierto por el JR Pass) y luego el tren de la JR Tohoku Line hasta la estación de Hiraizumi (8 minutos).
Desde Sendai: Shinkansen Tohoku hasta Ichinoseki (30 min) y luego un tren local a Hiraizumi.
Desde Morioka: Shinkansen hacia el sur hasta Ichinoseki (30 min) y luego un tren local.
En el destino: el autobús circular RunRun conecta los principales sitios de Hiraizumi. También hay alquiler de bicicletas en la estación, muy conveniente, ya que las distancias entre los lugares se cubren en menos de 20 minutos pedaleando.
Consejos finales
- El otoño (octubre-noviembre) es el mejor momento para visitar Hiraizumi: el follaje de los arces en el camino de acceso al Chusonji y alrededor de Motsuji es de los más bonitos de Tohoku.
- Lleva el bento para comer en el jardín de Motsuji. Los restaurantes de la ciudad escasean, y el jardín tiene bancos con vistas al estanque.
- Combina Hiraizumi con Sendai en la misma excursión: Sendai es la capital de Tohoku, con buenos restaurantes y el castillo de Aoba, a 30 minutos en shinkansen.
- El Konjikido es pequeño pero extraordinario. Dedica tiempo a observar, a través del panel de vidrio, todos los detalles de las incrustaciones de nácar y de las esculturas del altar.
- La región de Tohoku sufrió el gran terremoto y tsunami de marzo de 2011, que afectó sobre todo a la costa del Pacífico. Hiraizumi, en el interior, no se vio afectada directamente por el tsunami, aunque la zona costera de Iwate sigue en recuperación. Visitar Tohoku, en general, es una forma de apoyar a una región que depende del turismo.