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Sugamo: el Harajuku de las abuelas japonesas

Si Harajuku es el mundo de la moda juvenil japonesa, Sugamo es su imagen especular: un barrio del norte de Tokio donde las octogenarias llevan la batuta y donde las tendencias no cambian desde los años 60, en el buen sentido de la expresión. A ocho minutos en tren de Shinjuku, este vecindario de la línea JR Yamanote es uno de los más auténticos de la capital: una calle comercial de 800 metros donde el 95% de los compradores supera los 65 años y está encantado con ello.

Resumen rápido

  • Acceso: JR Yamanote hasta Sugamo Station (17 minutos desde Tokio, 13 desde Shinjuku).
  • Calle principal: Jizo-dori, 800 metros de shotengai con más de 200 establecimientos.
  • Centro espiritual: el templo Koganji, con el famoso Togenuki Jizo.
  • Días de mercado: el 4, 14 y 24 de cada mes, con mayor afluencia y más ambiente.
  • Souvenir estrella: la ropa roja (aka-pantsu), el recuerdo más curioso del barrio.
  • Dulce típico: el shio-daifuku (mochi con relleno salado-dulce) de Mizuno.

La calle Jizo-dori

La calle Jizo-dori (地蔵通り商店街) es el corazón de Sugamo. Con 800 metros de techo cubierto y más de 200 tiendas y restaurantes, funciona como el shotengai por excelencia del norte de Tokio. La diferencia con otras galerías comerciales de la ciudad está en la clientela: aquí no es el vecindario genérico, sino específicamente la tercera edad, y toda la oferta comercial se orienta a sus necesidades y gustos.

Se venden kimonos y ropa tradicional de tallas generosas, calzado ortopédico, bastones de diseño discreto, suplementos vitamínicos, dulces tradicionales que las abuelas de hoy recuerdan de su infancia y objetos de artesanía que en otros barrios habrían desaparecido hace décadas.

El templo Shinshoji: el cuarto Jizo de Edo

El templo Shinshoji alberga una de las seis estatuas guardianas del antiguo Edo, los Edoroku Jizoson. Esta cuarta estatua, completada en 1714, fue durante siglos protectora de los viajeros que tomaban el camino de Nakasendo hacia Kioto. La imagen del Jizo como guardián del camino explica el nombre de la calle: el Jizo cuida el trayecto y los caminantes se cobijan en sus tiendas.

El templo Koganji y el Togenuki Jizo

El verdadero centro espiritual del barrio es el templo Koganji, donde reside el Togenuki Jizo, el Jizo “que extrae las espinas”. La leyenda cuenta que cura los males físicos: los fieles vierten agua sobre la estatua en las zonas que corresponden a sus dolencias y rezan por sanar.

La imagen del Togenuki Jizo se reproduce en pequeñas estampas de papel que, en el período Edo, los fieles tragaban o pegaban sobre las zonas enfermas. Hoy la práctica es más discreta, pero el templo sigue recibiendo cientos de visitantes diarios, sobre todo personas mayores que buscan alivio para sus achaques.

La estatua en sí está envuelta en un paño y no es visible; lo que se observa es el ritual de purificación con agua que realizan los visitantes frente a la réplica expuesta en el exterior.

La ropa roja de Sugamo

El souvenir más curioso de Sugamo es la ropa interior roja (aka-pantsu, 赤パンツ). Según la tradición japonesa asociada a la celebración del kanreki (los 60 años), el color rojo en las prendas íntimas activa la energía vital y protege de las enfermedades. La tienda Maruji, especializada en esta prenda, es uno de los locales más conocidos de la calle.

Comprar calzoncillos o bragas rojas en Sugamo como regalo para los abuelos del destinatario es una de esas bromas con trasfondo cultural que los japoneses de cualquier edad celebran.

Los dulces de Jizo-dori

La gastronomía de Sugamo gira en torno a los dulces tradicionales:

Shio-daifuku (Mizuno)

La confitería Mizuno es la creadora original del shio-daifuku, un mochi relleno de pasta de judía blanca con una pizca de sal que equilibra el dulzor. El resultado es un dulce más sutil y menos empalagoso que el daifuku convencional. La tienda lleva décadas en el mismo local y la receta no ha cambiado. Se vende por unidades y se agota antes del mediodía los días de mercado.

Oimoyasan Koshin

Pastelería especializada en boniato (satsumaimo) con más de 140 años de historia. El boniato japonés, mucho más dulce y cremoso que el occidental, se trabaja en forma de chips, pastas, tartas, helados y kakigori (granizado). En otoño, el menú de boniato asado es el más concurrido.

Kintaro-ame

Tienda de caramelos artesanales con más de 50 variedades, elaborados a mano con la técnica tradicional de kintaro-ame, que crea figuras en el interior del dulce: el corte transversal revela siempre la misma cara u objeto diseñado por el artesano.

Los jardines Rikugien

A 10 minutos a pie de la estación de Sugamo (o una parada en la Sakura Tram hasta Komagome), los jardines Rikugien son uno de los jardines japoneses más completos de Tokio. Construidos a principios del siglo XVIII por Yanagisawa Yoshiyasu, consejero del quinto shogun Tokugawa, reproducen en miniatura 88 escenas de poemas clásicos japoneses y chinos.

En primavera, la floración de los cerezos y las glicinias llena el jardín de visitantes. En otoño, el cambio de color de los arces es uno de los más espectaculares de Tokio central. La entrada cuesta 1,87 USD.

Los días de mercado

El 4, 14 y 24 de cada mes, Jizo-dori celebra su mercadillo mensual. En esas fechas, el flujo de visitantes se multiplica, llegan puestos especiales y el ambiente es claramente festivo. Si quieres ver Sugamo en su máxima expresión, planifica la visita para uno de esos días.

El barrio de Komagome

La parada adyacente en la línea JR, Komagome, da acceso al Tokyo Somei Onsen Sakura, un onsen natural (de aguas negras, típicas de Tokio) en un edificio moderno. Combinarlo con la visita a Sugamo y los jardines Rikugien compone una jornada completa por el norte de Tokio que pocas guías mencionan.

Consejos finales

Sugamo funciona mejor por la mañana: los dulces se agotan pronto, las tiendas están menos llenas y la luz de las 10:00-12:00 ilumina la calle de forma muy fotogénica. Dedica entre hora y media y dos horas a Jizo-dori, los templos y los dulces.

No vayas con prisa. Sugamo tiene el ritmo de sus clientes habituales, que es pausado, atento y sin la urgencia de marcar casillas en una lista. Si dejas que el barrio marque el tempo, es posible que pases más tiempo del previsto y que vuelvas a Tokio con más dulces de los que habías planeado.

Destinos Por Japonizados 23 de mayo de 2026 10 min de lectura