Moneda
En Japonizados cobramos en dólares (USD). En otras monedas, el precio es solo una estimación.
Isla de Dejima en Nagasaki: la ventana al mundo
En este artículo
- Resumen rápido
- Historia: cómo llegaron los holandeses a Dejima
- Los portugueses y la decisión del shogunato
- Los 218 años holandeses
- Los edificios restaurados
- Residencia del opperhooft (director)
- Cocina y almacenes
- Jardín Siebold
- Puente Otemon-bashi
- Antiguo Seminario Metodista y Club Internacional de Nagasaki
- Información práctica
- Qué hay en los alrededores
- Consejos finales
Entre 1641 y 1854, mientras Japón mantenía sus fronteras cerradas al exterior, existió un único punto de contacto con Occidente. Era Dejima: una pequeña isla artificial de 1,5 hectáreas en el puerto de Nagasaki donde los comerciantes holandeses de la Compañía de las Indias Orientales vivían bajo vigilancia continua. Por allí entraron a Japón los conocimientos de medicina, astronomía, botánica y ciencia que el shogunato permitía filtrar. El país miraba al mundo por una ventana diminuta, y esa ventana se llamaba Dejima.
Resumen rápido
- Dejima se construyó en 1636 para confinar a los mercaderes portugueses; en 1641 pasó a manos holandesas
- Los holandeses permanecieron en la isla durante 218 años, bajo estricto control del shogunato
- Hoy es un museo al aire libre con edificios restaurados a partir de documentos históricos originales
- El puente Otemon-bashi, restaurado en 2017, recrea el único acceso original a la isla
- La entrada cuesta 3,18 USD y el recinto abre hasta las 18:00 h (21:00 en verano)
Historia: cómo llegaron los holandeses a Dejima
Los portugueses y la decisión del shogunato
Japón inició su política de aislamiento (sakoku) de forma gradual a partir de 1633. Los misioneros cristianos habían sido expulsados, la práctica del cristianismo estaba prohibida y los japoneses no podían salir del país. Aun así, el shogunato reconocía el valor del comercio con Occidente y decidió mantenerlo de forma controlada.
En 1636 mandó construir una isla artificial en el puerto de Nagasaki para confinar allí a los comerciantes portugueses y mantenerlos separados de la población local. La isla tenía forma de abanico y sus únicos accesos eran dos puentes vigilados.
En 1638, la rebelión de Shimabara, protagonizada en parte por campesinos católicos, convenció al shogunato de que los portugueses representaban un riesgo político por su vínculo con los misioneros. En 1639 fueron expulsados y, en 1641, los holandeses —que habían demostrado no interesarse por la evangelización, sino exclusivamente por el comercio— ocuparon su lugar en Dejima.
Los 218 años holandeses
Los holandeses de la Compañía de las Indias Orientales Neerlandesas (VOC) vivieron en Dejima más de dos siglos bajo condiciones estrictas. No podían salir de la isla sin permiso, no podían practicar el culto religioso en público y cada año debían hacer un viaje obligatorio a Edo para presentarse ante el shogun. A cambio, disfrutaban del monopolio del comercio occidental con Japón.
Lo que aportaron resultó más valioso que el comercio material. A través de Dejima llegaron a Japón los libros de medicina europea, los instrumentos científicos, los mapas, los conocimientos de astronomía y las técnicas quirúrgicas. Este flujo de conocimiento se llamó rangaku (aprendizaje holandés) y tuvo una influencia decisiva en la modernización del país durante la Restauración Meiji.
El médico alemán Philipp Franz von Siebold, que vivió en Dejima de 1823 a 1829, es quizá el residente más célebre de la isla. Su trabajo de catalogación de la flora, la fauna y la cultura japonesas fue fundamental para el conocimiento europeo de Japón.
Los edificios restaurados
La Dejima actual es un museo al aire libre que ha ido restaurando edificios históricos desde los años noventa. Las reconstrucciones se basan en ilustraciones y documentos de la época, ya que los edificios originales fueron demolidos cuando la isla quedó integrada en el continente durante las obras de relleno del siglo XIX.
Residencia del opperhooft (director)
El edificio más grande y representativo es la residencia del director de la factoría holandesa. La planta baja recrea las salas de reunión y el despacho donde se firmaban los contratos comerciales; la planta alta acoge los aposentos privados. El mobiliario y los objetos de la época ofrecen una imagen clara de cómo vivían los mercaderes europeos en su enclave asiático.
Cocina y almacenes
La cocina de la factoría muestra la coexistencia de ingredientes europeos importados con técnicas locales japonesas. Los almacenes numerados (1, 2 y 3) reproducen los depósitos de mercancías originales, con réplicas de las cajas, los barriles y los fardos que se intercambiaban en el comercio.
Jardín Siebold
El médico Siebold creó en Dejima un jardín de plantas japonesas que estudiaba con fines botánicos. Su recreación reúne algunas de las especies que catalogó durante su estancia.
Puente Otemon-bashi
El puente principal de acceso a la isla fue restaurado en 2017 siguiendo los planos originales. Cruzarlo es el gesto simbólico de la visita: entrar a la pequeña isla por la que el mundo exterior se colaba por el único resquicio que Japón dejaba abierto.
Antiguo Seminario Metodista y Club Internacional de Nagasaki
En los extremos del recinto hay dos edificios de uso posterior: el Antiguo Seminario Metodista (1878) y el Club Internacional de Nagasaki (1903), que muestran cómo Dejima siguió siendo un punto de encuentro entre Japón y Occidente incluso después de la apertura del país.
Información práctica
Horario: 8:00-18:00 h (hasta 21:00 h de julio a octubre). Entrada: 3,18 USD.
Cómo llegar desde la estación de Nagasaki:
- Tranvía número 1 (dirección Shokakujishita): 4 minutos hasta la parada Dejima
- Precio: 0,75 USD - 0,87 USD
Qué hay en los alrededores
Dejima está en el centro de Nagasaki, rodeada de otros puntos de interés histórico:
- Cuesta de los Holandeses (Oranda-zaka): a 10 minutos en tranvía, el barrio de residencias históricas occidentales del siglo XIX
- Iglesia de Oura: a 15 minutos en tranvía, la basílica gótica más antigua de Japón
- Barrio chino de Nagasaki: a 10 minutos a pie, uno de los tres barrios chinos más importantes del país
- Mercado de Kajiya-machi: junto a Dejima, con tiendas tradicionales de kasutera (el bizcocho típico de Nagasaki, de origen portugués)
Consejos finales
- Reserva entre hora y media y dos horas para recorrer el recinto con calma y leer los paneles explicativos
- Los paneles de información en inglés son abundantes y están bien redactados; no es necesario contratar guía
- El museo cuenta con una sala de proyecciones que pasa un documental breve sobre la historia de Dejima, un buen punto de partida antes de explorar el recinto
- Combinar la visita con la Cuesta de los Holandeses y la Iglesia de Oura el mismo día permite cubrir la historia del Nagasaki occidental en una sola jornada